la vida es sueño (18 de marzo)
un sueño bonito el de escribir un blog sobre como leo a rosa montero en tanzania, algo que con permiso de dalí me parece surrealista, e incluso bastante absurdo, algo que puede ser muy breve debido a la amenaza de un virus con nombre de cerveza. a día de hoy no sé lo que voy a hacer ni tengo la menor de idea de como voy a llegar a madrid ni si esa va a ser la decisión que voy a tomar. una de las pocas cosas que ha ganado tras muchos años de muchas pérdidas ha sido un poquito más de confianza en mis capacidades y sé que cuando le dedico a algo el tiempo, casi siempre termino por dar con una buena solución, una que es verdaderamente válida para mí.
así afronto el día de hoy en el que no sé lo que voy a hacer ni tengo la menor idea de como va a terminar.
resaltar que, mientras tanto, ayer vi monos a los que no logré captar en cámara porque se fueron rápida y tranquilamente hacia la copa del árbol dónde era imposible llegar, que ayer me eché bastantes risas con regina en la negociación en el mercado para las clases de swahili, negociando hasta el último céntimo cómo si la vida de nuestros hijos (los que todavía no tengo) fuera en ello.
en cuanto a rosa ayer volví a tener una sesión no muy buena, una de esas en las que se entrometen unas nubes de sueño que no te dejan ver con claridad. la lectura de ayer se movió sobre todo en dos ejes, el primero el flechazo de ana con su jefe, un todopoderoso editor. el segundo la pérdida de virginidad tan poco heroíca de elena. aunque fue sin duda tragar el semen de aquel chico que decidió misteriosamente cambiar el polvo por una mamada al enterarse de que la chica era virgen lo que verdaderamente la marcó. la pérdida del virgo de la mano un experimentado profesor de alrededor de cuarenta años, le dejó al recuerdo de aquel motel de carretera en los aledaños de madrid, como uno de fantasía o medio hechizado, en medio de aquel mundo industrializado y moderno que avanzaba con hambre para devorar toda la naturaleza de su alrededor sin ninguna piedad.
los animales que nos comemos se vengan de nosotros pasándonos sus virus. el círculo de depredación imparable en el que nos movemos comienza un día más.


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